
“De los llanos guariqueños se eliminó la práctica de la trashumancia”. “Ya no existen esas grandes vaquerías”. “Las travesías solo se consiguen en los libros y en las canciones del llano”.
Expresiones similares –de llaneros y personas ligadas a la actividad agropecuaria– unos en tono de lamento y otros en tono optimista por el “logro moderno”, sintetizan el debilitamiento de la antigua costumbre de trashumar.
No obstante, y para regocijo de quienes todavía le apuestan a la trashumancia como actividad agroecológica y económica, sigue presente en algunas zonas del estado Guárico.
Una evidencia de lo que es hoy esa vieja práctica, se encuentra en Trashumancia, el reciente documental del realizador Carlos Gómez de la Espriella, grabado entre los meses de mayo y julio de 2011, en diversas locaciones de los municipios Las Mercedes del Llano y Leonardo Infante.

Nuevamente con el apoyo del Centro Nacional Autónomo de Cinematografía (CNAC) y de Palambra Producciones, Carlos Gómez se interna en la esencia llanera, que es su esencia, pues es oriundo de Valle de la Pascua, para mostrar al espectador los diferentes momentos, tonos, ambientes, e intensidad de una travesía guariqueña.
El mediometraje, con una duración de 37 minutos, está marcado por la estrecha y natural relación entre vaca y becerro. Vaca y becerro se convierten en personajes principales de esta historia que los deja ver frágiles y vulnerables, tan ligados al llanero que necesariamente los separa y los vuelve a unir.
Trashumancia es también una producción cinematográfica cruzada de principio a fin por la fuerza del hombre versus la fuerza del animal. El mismo hombre y el mismo animal que podrían preguntarse: ¿Quién depende de quién? ¿Cuál llega primero a su destino?
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