26 nov 2011

Con capotera y porsiacaso



A un llanero trashumante no le falta ni capotera ni porsiacaso. Estaría incompleto sin estas dos mochilas, confeccionadas por mujeres en telas resistentes al uso y al largo trajinar.
“Golito” se ufana de ser muy cuidadoso con sus alforjas. “No he cambiado en casi diez años –asevera– mi porsiacaso ni mi capotera. Cuando termina el recorrido las lavo y las guardo hasta que las vuelvo a utilizar. Y así voy todos los años”.

En la capotera, los hombres acomodan el chinchorro y el pabellón (mosquitero), indispensables en esa tarea de atravesar distancias de ida y vuelta; una sábana y artículos de uso personal. Algunos incluyen medicamentos.
Los alimentos que consumirán durante los cinco o seis días del periplo –generalmente productos enlatados como atún y sardina; casabe, papelón, pan, y queso– se distribuyen en el porsiacaso.
Por su cuenta, según explica “Golito”, los llaneros “llevan o compran el vicio: el chimó”. “Y los que tenemos celular –agrega– lo cargamos para comunicarnos con la familia o los amigos donde haya señal”.
Acerca de la manera en que van calzados los jinetes durante el trayecto por agua y tierra que implica el periodo de la trashumancia, el joven precisa que “todos o la mayoría vamos en alpargatas porque son más livianas y se secan más rápido”.
Es así como a caballo –cada llanero es responsable de dos–, con capotera, porsiacaso, en alpargatas, algunos descalzos y con el infaltable mandador, asisten dos veces al año los hombres de La Tigra, a la cita itinerante con los animales.

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